Donde acaba el ego empieza el ser

"Al ser hay que buscarlo en lo físico y en lo psíquico" Anaxímenes

El sumo bien. Plotino. Epicuro y la felicidad.  Qué es la praxis filosófica.

¿Estamos dispuestos a buscar y disfrutar del ser por encima del pensamiento?

El Sumo Bien

La esencia de lo divino es la esfera
La esencia de lo divino es la esfera

El objetivo original de la filosofía era conocer lo divino, atributo propio de los dioses. Aparte de representar el origen primordial de todas las cosas, el ser se transmite a sus derivados en forma de bienes. Las cosas son buenas por el hecho de existir pues proceden de la perfección (Tomás de Aquino). Esto nos lleva al ser de Plotino, el Uno -Bien, una síntesis de Principio y Devenir, y cuya consecuencia es que todo ente busca el Bien por diseño. Es más, uno debe llenarse de lo bueno, ser bueno para transmitirlo a otros. Y al hacer aquello para lo que estamos diseñados, que no es el fortalecer el ego, eso nos lleva a descubrir en nuestro interior la felicidad.

"Cada uno es responsable de todo lo bueno que no ha hecho." (Voltaire)

Lo vemos también en este texto de Diógenes Laercio (en adelante: D. L.) en su "Vidas y opiniones de los filósofos más ilustres":

"Jenofonte se encontró con Sócrates en una calle angosta y le preguntó éste dónde comprar ciertas mercaderías. Luego, dónde se hacen los hombres personas de bien; y como Jenofonte vacilara, le dijo: Entonces sígueme y apréndelo." (D. L. II, 48)

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¿Qué es la praxis filosófica?

"Yo estimo tanto más a un filósofo cuanto más posibilidades tiene de dar ejemplo. Pero el ejemplo tiene que venir por el camino de la vida tangible, y no simplemente por el de los libros, esto es, justo como enseñaban los filósofos griegos, con su fisonomía, su actitud, su atuendo, su alimentación, con sus costumbres antes que con sus palabras o con sus escritos."  (Nietzsche: Consideraciones intempestivas 3")

Los filósofos antiguos distinguían filosofía y discurso filosófico. La filosofía era entendida como una forma de vida. Las escuelas hacían concordar el discurso filosófico con la vida filosófica. Y a aquellos cuyo discurso no emanaba de su vida y experiencia los llamaban "sofistas", para distinguirlos de los verdaderos filósofos: los que amaban la verdad. Amar algo supone que el objeto amado es el fin último, no un instrumento para otro fin diferente.

"Lo bueno es una cosa en sí misma, y quien lo conoce al haberlo aprehendido, ese entonces se hace bueno" (D. L.  III, 14 recogido de Epicarmo). 

"La virtud es enseñable, está claro, por el hecho de que algunos malos se vuelven buenos" (D. L. VII 91)

Platón intenta llevar a la práctica su concepción de lo público (República) mediante la creación de un Estado en Siracusa gobernado por filósofos. El sentido de la vida para el filósofo era el cuidado del alma, alcanzar la virtud, que llevaba a la felicidad. La práctica de la virtud consistía en conocer lo que verdaderamente es bueno. 

En el campo de la ética vemos la conexión entre discurso filosófico y realidad. En el terreno de la metafísica, conocer el ser supone alcanzar la quietud o ataraxia. La imperturbabilidad del sabio viene a ser el resultado de llevar a la práctica el ideario filosófico.  ¿Cómo se empezó a buscar el ser?

Buscar la serenidad -ataraxia- o paz de espíritu equivalía entre los griegos a experimentar el ser. Era la prioridad entre los primeros filósofos: conocer lo divino. Veamos algunos ejemplos:

 "Jenófanes decía de la esencia de Dios: es esférica sin ninguna semejanza con la del hombre. Todo él ve y todo él oye, pero no respira. Es por entero razón, inteligencia y eternidad. Fue el primero en demostrar que toda alma es un soplo" (D. L. IX ). "Parménides se volvió a la quietud por la influencia de Aminias. Tan agradecido estaba a su maestro que le construyó un templete de héroe." (D. L. IX 21) 

Demócrito, "que tuvo trato en la India con los gimnosofistas... decía que los principios de las cosas son los átomos y el vacío. Los mundos son infinitos. Nada nace de lo no ente ni se destruye en el no ser... Su hermana se acongojaba porque iba a morir durante la fiesta de las Tesmoforias y no podría cumplir su promesa (¿voto?) para con la diosa. Le ordeno que trajera panes calientes cada día. Se los acercó a la nariz y logró mantenerse vivo durante la fiesta. Y murió sin ningún pesar". (D. L. IX 43, 44).

Platón, antecesor del mindfulness, la meditación moderna: "¿Y la purificación no es lo que en la tradición se viene diciendo desde antiguo (ref. a los órficos): el separar el alma lo más posible del cuerpo, y el acostumbrarla a concentrarse y a recogerse en sí misma retirándose de todas las partes del cuerpo y viviendo en lo posible, tanto antes como después, sola en sí misma?" (Fedón 67 c)

Tenía tres componentes el alma para los griegos: La psijé, parte racional; el thymos lo instintivo e irracional (instintos y emociones), y el daimon o neuma, chispa de lo divino. ¿Cómo podría concentrarse el alma en sí misma a no ser que una de sus partes se volcara sobre la otra? La voluntad, atención e interés (deseos y valores), elementos en la psique, se tornarían sobre el aliento físico (pneuma=aire) para vislumbrar o contemplar el ser. ¿Sería este el sentido de lo dicho por Anaxímenes: "al ser hay que buscarlo en la psique y en lo material"?  

Epicuro y la felicidad

¿Por qué Epicuro, a contra corriente, no se interesa por los asuntos de la polis y prefiere la amistad de los suyos en el sosiego de su Jardín? Ataraxia era la anhelada paz de espíritu, la ausencia de perturbaciones que causan el sufrimiento. Y eso, a duras penas se halla en la política. 

"Por exceso de honestidad se abstuvo de la política" nos recuerda D. Laercio (X, 10). Lo cierto es que su concepto del placer era tan amplio y sus necesidades tan precisas y escuetas que ser feliz no debió resultar una gran hazaña para estos atomistas del s. IV a. C.: "Envíame una tarrina de queso para que, cuando me apetezca, pueda darme un festín" (X, 11). 

Así era de prudente y frugal nuestro bondadoso filósofo, para quien el fin de la vida residía en el placer. Pero no el placer burdo como lo calumniaban rabiosos los estoicos, sino en tanto respuesta a la necesidad que demanda el cuerpo y el espíritu. Un placer que lo identifica con la virtud: 

"De la prudencia nacen las demás virtudes, porque enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir sensata, honesta y justamente".

Más bien por sostener que el átomo y el vacío eludían la necesidad de una Providencia pareció ser lo que suscitó las iras de muchos. Tal materialismo, grandioso en su simplicidad, resultaba una bofetada a la duplicación de mundos en Platón, y una blasfemia al negar que la Providencia dirija todo desde lo alto. Ahora podía explicarse el movimiento con el átomo cayendo en el vacío y sin la intervención de los dioses.

Resumiendo, Epicuro basaba la felicidad en la superación del sufrimiento en el alma (ataraxia) y la ausencia del dolor en el cuerpo (aponía). Los deseos respondían al requerimiento de la Necesidad, no del capricho. Cuando el cuerpo necesita agua o alimento, el deseo de satisfacer la sed y de comer nos hace felices. ¿Y dónde echaba sus raíces la necesidad sino en la "Ley que lo gobierna todo a través de todas las cosas", (Heráclito. s. VI a.C.

Entonces, la necesidad llega a convertirse en el secreto íntimo de lo divino, puesto que la divinidad, a pesar de su visión materialista del cosmos (Carta a Meneceo), "es un ser vivo, incorruptible y feliz" 

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Plotino: el Uno-Bien  

"Esfuérzate en elevar lo que de divino hay en ti hacia lo que hay de divino en el universo"

Estas fueron las últimas palabras del creador del neoplatonismo (s. III d.C). Confluyen en él el ser como origen de todo y su desarrollo en el tiempo o devenir. Es el Uno-Bien. Puesto que las cosas por existir son buenas, la cualidad de la Bondad ha de pertenecer al Uno. Y éste, al ser Uno la potencia o primer motor, Uno y Bien son los mismo. En las Enéadas explica la diversidad de seres por emanación de la sustancia del Uno: "es como un ser que se contempla a sí mismo" en las cosas. (Enéada III, 6). 

Su discípulo Proclo, el último director de la Academia platónica ya en el s. V, desarrolla las cualidad del Bien: el generador se multiplica a sí mismo sin pérdida de merma. Lo que produce no puede ser tan perfecto como el Uno. Así, se da una degradación o alejamiento del ser. Puesto que lo que procede del Bien es inagotable, desbordante y generoso y también bueno por tener al ser en sí mismo, ese bien se transmite en deseo de perfección incesante e insaciable a todos los campos de la existencia y a todos los seres. Buscamos la felicidad por diseño. Y en ella radica la vuelta al Uno-Bien, "la subida del alma". (Proclo: Elementos de teología).

 "¿Cómo subir? No debemos huir con los pies... sino que hay que dejar de mirar y, cerrando los ojos, cambiar esta manera de ver por otra, y despertar esa facultad que todo el mundo posee, pero de la cual pocos hacen uso." (Enéada I, 6, 8)