Filosofía para la vida.

Apuntes sobre la historia del ser en el hombre.

"Solo podemos conocer aquello con lo que tengamos algo en común" (Hume).                  "La verdadera filosofía debe comenzar por el conocimiento de sí mismo". Plotino

Desde la quietud de los presocráticos a los maestros actuales, el ser está a-la-mano para quienes sufrimos los males del alma. No hemos llegado tarde a los dioses griegos, respondo a Heidegger, pues la esperanza yace en el reverso de los males del alma. Siempre es posible la paz si desde la quietud nos elevamos al conocimiento de uno mismo. En esta subida, es imprescindible pasar de la curiosidad a la necesidad, de lo interesante a la evidencia. Eran los filósofos expertos maestros en sembrar el bien y la verdad y en cuidar y proteger el desarrollo del ser en sus oyentes. Hoy, también la filosofía nos invita a volvernos buenas personas, interesadas en miras más elevadas, en transformarnos, en lograr la felicidad, atributo de los dioses.  Esta es la historia del ser en nosotros, un saber práctico.

"La filosofía que no cura los males del alma no es filosofía". Epicuro 

Los textos y citas que hallarás aquí muestran cómo aspiraron los filósofos a alcanzar la Verdad, la quietud (la paz interior), la serenidad que lleva al conocimiento práctico de uno mismo, pues tal era el lema del santuario de Delfos.

La verdad no se enseña, se descubre como evidencia de una construcción personal. Esto implica una búsqueda sincera para entender el sentido de esta vida, quienes somos y qué esperanza podemos tener sobre nuestro futuro en esta existencia. 

Esta web no es una teoría sobre autoayuda en el sentido estoico-romano. No buscamos entretener para sobrellevar las circunstancias de vivir en el mundo. En esta vida necesitamos la evidencia del ser en la naturaleza y, sobre todo, en uno mismo. No podemos contentarnos con la curiosidad, pues al poder de la vida no le va el sobrevivir, sino el crecer (Nietzsche. La voluntad de poder).

Está web está divida en dos apartados relativos al ser: una parte teórica a la izda. abajo, y la praxis o forma práctica de conocer el ser, a la dcha. Cada una lleva sus correspondientes textos.