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Reflexiones
¿QUIERES DISFRUTAR DE LA PAZ O SOLO PENSAR EN ELLA?

SI DESEAS AYUDAR A OTROS A SENTIRSE BIEN, PUEDES EMPEZAR CONTIGO MISMO.
¿Qué camino natural utilizarías para acercarte a ti mismo cuando lo que creemos que somos son solo vivencias y lo que los demás nos han contado sobre nosotros mismos? El recurso que proponemos para conocernos realmente a nosotros mismos es dirigir la atención hacia nuestro interior. ¿Cómo sacarle provecho a cada aliento? 
Necesitamos vivir el momento de forma absoluta sin pensar en otra cosa que no sea el PRESENTE. No existen ni el pasado ni el futuro. Como dijo  Platón: "El presente es una imagen movible de la eternidad".
Otro recurso es la VOLUNTAD. Si quieres, con un poco de paciencia lo conseguirás. En Materiales encontrarás cómo centrar la atención para aprender a mirar dentro de uno. No hace falta creer en las opiniones de nadie. Mira, siente y respira, más un poco de paciencia. Esas son las claves. Luego, saca conclusiones, sin prisa. Es el momento de estar con uno mismo. Lo natural lleva su tiempo.    
También puedes leer: comosentirlapaz.blogspot.com

Trascendencia en Whitehead

Jueves, 14 marzo a las 13:02:06

la paz es posible, Heidegger, Nietzsche
¿Qué hay de trascendente en el ser humano? 
Si por trascendente entendemos lo más importante, lo que está más allá de nuestros alcance, incluimos en este concepto el misterio, lo desconocido y el sueño. Inmanentes, en cambio, serían las fuerzas que encierran las partículas de la materia, que, según Whitehead, vendría reducida a un fluido de fuerzas. El modelo de partículas atómicas con sus electrones girando sin cesar es una abstracción. Dice este matemático que no habría una línea que en definitiva separara los cuerpos de su naturaleza circundante; sino una continuidad entre la materia y el espíritu, entre la conciencia y la psique. Todo fluiría en un maravilloso contínuo de fuerzas con forma de materia y de vacío en los lugares menos densos. Una sola substancia en el inmenso mar del universo, un todo orgánico en el que lo concreto influye en el todo, porque todo es uno. Trascendente resultaría la conciencia de esta unión de materia y espíritu o de de esta inclusión de lo infinito en lo finito, del océano en la gota, de lo inmortal en lo perecedero.
Paradógicamente, hablar de trascendencia sería un espejismo; la ilusión de quien ha perdido de vista el recuerdo de sí mismo y proyecta su propia realidad fuera del presente. Pues en el presente reina la eternidad de ese eterno retorno que nos lleva a replantearnos nuestra relación con este momento de ahora (Nietzsche).
¿Qué hay de trascendente en el ser humano? No lo que pensamos, no lo que hacemos en la vida, ni lo que creemos o nos hayan dicho; más bien la vida misma y nuestra manera de recrearnos en el ser.
Pensar en lo trascendente supone vivir en la humildad de nuestra mentira o de nuestra nada; aceptar con otros muchos la posibilidad de alcanzar la vivencia del ser, y que nuestro momento está por llegar sin perder una esperanza que resulta difícil de recuperar, para no terminar muriendo ante un Dios ausente (Heidegger).
(Para mis compañeros de la radio)

Reflexión sobre los ritos de primavera

Martes, 05 marzo a las 12:22:11

la paz es posible, cultura de paz, Schelling
¿Qué pensamos encontrar en los viejos ritos que tanto nos llaman la atención?
¿Deseamos vislumbrar alguna pista, algo que hayamos olvidado y que anhelamos revivir sin saber el qué ni cuándo? Mas la magia y el misterio se cambiaron hace mucho tiempo por una religión ética de buen comportamiento. Desapareció la praxis del misterio para convertirse el mismo misterio en algo inexplicable. Así, las fuerzas naturales deificadas en totems, genios y dioses se trastocaron en una religión mercantilista y leguleya del yo te rezo y cumplo, y tú me das y respondes. El gran Pan ha muerto, el dios inseparable de la naturaleza nos ha vuelto la espalda, como clamaba Nietzsche exultante de panteísmo oriental. Pero el dios Pan vive en nuestra conciencia ecologista, nos despierta desde la fronda vegetal de su ser, y desde el trasfondo de la materia que sostiene la vida se renueva en primavera. Porque él es la vida y ¿qué mejor morada para un dios que su propia obra en vez de sumergirse en los cielos infinitos, en esas eternidades que resultan tan hostiles para sentir de cerca su hálito? No podemos relacionarnos con un infinito eterno. El secreto puede estar en sentir que la finitud de los seres naturales encierra el poder infinito de la Verdad. O que en el borde de lo finito, en nuestra limitación, al final de nuestras fuerzas, se halla lo ilimitado, el todo, el dios Pan. Él, que nunca abandona al buscador, pues empieza donde acabo yo.  
La belleza del pensamiento panteísta reside en explicar el mundo y los seres como emanaciones y habitáculo de lo divino. Si las partículas atómicas se reducen en el fondo a energía que ni se crea ni se destruye, no es absurdo creer que los seres vivos encierren en sí mismos la divinidad. Lo divino puede morar en los seres y los seres ser divinos. Divinos, pero no Dios. Que también se ha dicho que el todo es mayor que la suma de las partes. 
Moraleja: quien no llega al límite de su esfuerzo nunca sabrá cómo suena la Verdad ni disfrutará del saber pedir. A este respecto decía Máximo de Tiro en sus Disertaciones (s. II d. C.): "No profanes a Dios con vanas plegarias pidiendo lo que puedes obtener con el esfuerzo; el justo no las pediría, y el injusto no merece obtenerlas”. (comentario sobre el último taller de "Filosofía para entender la vida")

Schelling y el Idealismo alemán

Jueves, 28 febrero a las 22:11:08

la paz es posible, cultura de paz, Schelling Conocerse a uno mismo parece más asequible si el Primer Principio reside en nuestro interior, participando así de lo divino.
Compañero de estudios de Hegel y Hölderling, brilla en el cielo del idealismo alemán la figura intrépida de Schelling. Intrépida desde su comienzo con el “Yo soy” en vez de “Yo pienso, luego existo” de Descartes. Poniendo, de este modo, la existencia por delante de la lógica, y anteponiendo a todo la naturaleza, pues de ésta surgen la vida, la conciencia y, finalmente, el pensamiento. Con esta quiebra inicial del idealismo arranca un esfuerzo ímprobo por unir idealismo y realismo, como dos manifestaciones del absoluto, y sintetizarlas en la noción de Identidad o principio original en el que yacen las diferencias que se manifestarán luego en las cosas y en los diversos seres.
 ¿Pero cómo pueden haber surgido las cosas, ahora diferenciadas, de lo Absoluto o Primer Principio? Si se admitiera la escisión del Ser, las cosas sería parte de lo divino y el mundo una parte de Dios. Schelling se opone a la postura panteísta de Spinoza al rehuir tal emanación. Y no acepta la fractura de lo Absoluto en multitud de seres, ni tampoco que la suma de individuos equivalga a la infinitud del Ser. 
Schelling nada entre las aguas claras del pensamiento y las aguas revueltas de la existencia en constante movimiento y devenir. Su afán por reducir a una sola, en su origen, estas dos realidades, Dios y el mundo, le lleva a proponer la percepción interior como vía segura para el conocimiento frente a los sentidos y la lógica. ¿Vano intento? Ya que solo podemos conocer aquello con lo que tenemos algo en común; por tanto, conocer el ser en uno mismo solo es posible si lo que somos forma parte del mismo Ser. ¿Reconoce Schelling el pensamiento de Spinoza y aspira sin pretenderlo su aroma panteísta? 
Dice con...

La grieta del Idealismo

Domingo, 24 febrero a las 12:30:48

lapazesposible, filosofía para entender la vida
En una remota aldea de gente sencilla se detuvo un viajero a pasar la noche, de los escasos que visitaban el lugar. Quien, para afeitarse a la mañana siguiente, colgó de la pared un pequeño espejo. Se lavó, se afeitó y se olvidó retirar de la pared el escueto cristal enmarcado. Un anciano de cabellos grises, ojos brillantes y rostro luminoso vio un reflejo en la pared, suspendido, y se detuvo a contemplar aquel extraño objeto. Al mirar en su superficie quedó gratamente impresionado por la imagen que emanaba el espejito. No podía creer que fuera cierto lo que había visto. Y se dijo cautivado por aquella imagen: «He visto el rostro de Dios. No es posible, pero sí. Sí, he visto a Dios, al mismo Dios», se decía mientras, a su pesar, se retiraba al ver llegar a otras personas. Poco después veía su rostro reflejado en él una joven. Asombrada ante lo que veía se dijo: «¡Qué mujer tan hermosa! La más hermosa de la Tierra y no es posible que exista mayor belleza. Cuando crezca, quisiera parecerme a ella». Así mismo, un señor que acababa de perder a su padre creyó, tras ver sobre el cristal la imagen de su ancestro, que su padre se ocultaba en aquel objeto transparente. «¡Dios mío!, he vuelto a ver a mi padre», se dijo pleno de gozo. 
Entre los escasos pobladores...

El orden del Amor o el amor en orden

Martes, 19 febrero a las 10:53:45

lapazesposible, filosofía para entender la vida
El motor del orden frente al fantasma de la máquina.
Cualquier asunto que abordemos convendría observarlo en sus facetas y momentos, como la cuerda que vemos formando un nudo a base de giros sobre el hilo que transmite la fuerza. Todo tiene fondo y forma. Así pues, busquemos el orden, su razón de ser, que se oculta en las cosas y que, de resultas, es el meollo de la cuestión. ¿Cuál es ese orden? ¿Qué orden yace en lo inerte?, que se preguntaba Heráclito, para quien el ser se escondía en los escondrijos de los seres. 
Los elementos de la materia inerte no se combinan entre sí sin ton ni son; cada átomo sabe muy bien, por diseño, el cómo, el cuando, con cuál y mejor. Y siempre en una proporción, en una cantidad, un bello número, cual modelo de armonía, que, por cierto, convertida en cifras nos brinda la ciencia. Otro orden en paralelo y semejanza, el de los seres vivos; no bajo el orden pitagórico del número, el inmóvil fantasma de la lógica, sino el del amor, sinónimo de unidad y movimiento. 
¡Qué premonición la del griego Empédocles! El conjuntar lo inerte, en apariencia, con los sentimientos y valores alrededor del Amor. Y, además, contraponerlo a la Discordia. Dos fuerzas conjuradas en unir y separar los elementos, dar sentido a los seres y explicar así, la diversidad de individuos y especies. Y sin embargo, desveló Empédocles, sin proponérselo, las raíces del amor entre estas dos fuerzas del cosmos. Pues los buenos sentimientos siempre nos unen a los demás; la discordia, en cambio, como el desamor, el rechazo y el negar, acaban en violencia y en dolor. La conclusión es que la ética ha de fundamentarse en la natura. De otro modo, el sentir de la mayoría podría volverse en incómoda verdad al servicio de unos y en contra de unos pocos; desamor al fin y al cabo, y antinatural.  
Tanto el orden numérico, como el ordo amoris, nos hablan de la naturaleza de su Autor: su eterno devenir, la creación continua. En uno, nos sobrecoge su...