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En celebración del Día Internacional de la Paz publicamos este artículo sobre los valores de la Paz
Una reflexión sobre la paz como principio necesario y creativo, y sobre la violencia como ausencia y enfermedad
Estos son algunos de los temas que recoge este artículo que esparamos nos ayuden a reflexionar. "...¿sería posible una sociedad sin que sus miembros aceptaran el lenguaje de los otros? ¿que no compartieran las mismas costumbres base del Derecho y de una Ley común?, ¿y sin unas mismas creencias base de una ética comunitaria? Sin la aceptación de los demás, el entendimiento y el diálogo no es posible que surjan sociedades..."
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Hoy, 21 de septiembre, se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Paz para ensalzar, fortalecer y promover el valor de la paz. La paz, como la violencia, se aprende y es por tanto, desde el punto de vista social, un producto cultural. Sin embargo, aunque producto cultural, no debe olvidarse que la paz se encuentra en la base de toda civilización, siendo imprescindible para la procreación pues conlleva el amor, siendo la base de cualquier institución que exija consenso, y condición sine qua non para todo progreso en convivencia y entendimiento mutuo. Así pues, consideremos como valores de la paz todas estas y otras muchas actitudes y acciones apreciadas para alcanzar la paz.
Si para alcanzar una paz política hablamos de respeto a los otros, de comunicación y colaboración en forma de ayuda al desarrollo, en la paz social buscamos una justicia social respetuosa con las personas y un buen sistema educativo que dirima las diferencias y roces diarios mediante el diálogo. Pero es evidente que la paz y la guerra vienen sostenidas por los votos del ciudadano y por las condiciones socioeconómicas de un grupo social. Y dado que las personas son los cimientos de la sociedad, es de lógica fundamentar la paz política y la social en la paz individual. Quien puede decidir con su voto y lo que cuenta, son las decisiones personales. Que las instituciones parecen tener vida propia, entidad o sujeto social, no deja de ser una falacia, pues ni han surgido de sí mismas ni pueden cambiar sin la intervención de los individuos, y se sostienen por el consenso de otros.
Volviendo a los valores de la paz, ¿sería posible una sociedad sin que sus miembros aceptaran el lenguaje de los otros? ¿que no compartieran las mismas costumbres base del Derecho y de una Ley común?, ¿y sin unas mismas creencias base de una ética comunitaria? Sin la aceptación de los demás, el entendimiento y el diálogo no es posible que surjan sociedades. Y una merma en la valoración de estos principios de la paz, genera primero insatisfacción y luego violencia. Así pues, cultivar las bases de estos valores no es tema para una cultura de paz, es una tarea personal que los sistemas educativos, desgraciadamente, no saben cómo enseñar.
La paz no puede venir de fuera adentro como si la paz y la violencia fueran caras de una misma moneda, como la salud y la enfermedad. La paz, como el Amor, genera familias, grupos, sociedades, mientras que la violencia las destruye, vuelve las instituciones raquíticas y nos sume a todos en la sospecha y en la lucha por los bienes económicos (económicos por ser escasos). La violencia, como la enfermedad, es estéril, en la misma medida en que el Amor es creativo y fuente de vida. Así pues, la violencia se vuelve en escasez de Paz, en ausencia de entendimiento y de todos los valores que sostienen el bienestar y el desarrollo. La violencia es ausencia en sí misma. Una ausencia que tiene por progenitores la insatisfacción y los prejuicios (o la ignorancia de uno mismo).
Se habla mucho de violencia y de guerra cuando podríamos atender más las raíces que las producen: el conocimiento de nuestros propios recursos naturales para sentirnos en paz, el descubrimiento de nuestras posibilidades para vivir en armonía. Al fin y al cabo somos seres, no ausencias. El futuro es, pues, de la paz, porque tiene facultad de generar y desarrollar tanto a las personas como a las sociedades.
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